
Aterrizaje. Critica de la razon cinica. Algunos fragmenticos (por supuesto, no estan hilvanados)
Por Elvia Rosa Castro
Ilustracion Sueno sufi, por Luis Gomez
Primer capitulo
A pesar de que Antístenes fue el pionero y, se que escribió bastante, su nombre ha sido opacado con creces por otro que ha traído grandes confusiones: Diógenes. De Antístenes poseemos sólo una alusión, un boceto. O una refutación. Diógenes, en cambio, ha corrido con mejor fortuna, pues aunque se dice no escribió, fue más radical, más egocéntrico, más pintoresco. A este, al que me refiero, no debe confundírsele con Diógenes de Apolonia, también filósofo, ni Diógenes Laercio, historiador griego del siglo III. El cínico era Diógenes de Sínope, desterrado de esta ciudad del Asia Menor (ahora Turquía) por reacuñar monedas falsas (423-327 a.C), acontecimiento reeditado en el gesto artístico del brasileño Cildo Meireles.
(…)
Toda la renuncia de las convenciones sociales que proclamaban los cínicos como expresión de crítica, sus maneras impúdicas y obscenas de comportarse, el vivir ajeno a las reglas como habitar en un tonel, vestir una indumentaria raída, masturbarse en público, orinar a las personas, etcétera, se manifestaba dentro de la naturaleza, pero la "naturaleza humanizada", esto es, dentro de la sociedad. Sin pretenderlo -¿o sí?- no hacían más que andar sobre la lógica del ideal griego: la lógica del contraste (verdad/opinión, apariencia/esencia, actual/virtual, etcétera, etcétera). Ser incívicos dentro de la civilidad, antisociales en sociedad, antidiletantes en los predios de la Filosofía. Actuar (de performance) en el mundo de la teoría.
(…)
Al manifestar su ideario de manera gestual y efímera, los cínicos no podían sustraerse de publicarse, exponerse, traficar con cierta visualidad "reiterativa y actual". En fin, representar. Y en toda representación hay una tergiversación esencial. Un ocultamiento. O al menos, una pretensión. Era demasiado insolente el cinismo griego para ser humilde y pasar inadvertido. Además, toda representación es ya, de por sí, un acto de encubrimiento (…)
Los cínicos no dependían –al menos de manera evidente – ni del Estado ni del mercado, pero les urgía traficar sus maneras en tanto valor, un valor inusitado que depende, eso sí, de la opinión pública, incluso, aunque esta supuestamente no le interese. En última instancia se trataba de un trueque de moralidades, un trafiqueo basado en el contrapunto. El cinismo requería ser consumido en su apatheia, en su indiferencia. Cortejar y seducir trayendo a presencia –estar- y además, siendo apático: ahí radicaba el quid de su publicidad. Teatralizar sobre la base del sentido común, sin demasiadas mediaciones, al menos de manera aparente. Estar presente, re-presentar. Y en este afán no hubo selección: cualquiera resultaba una plaza idónea. Protágoras de Abdera asumía la enseñanza como exhibición. "El abderita (…) enfocaba el saber como espectáculo, como show. El agón, el diálogo, como competencia donde la búsqueda de la verdad era un elemento vestigial". [1]
Uno de los artistas más controvertidos del siglo XX en el escenario de las plásticas es Joseph Beuys. De hecho, se le conoce como "el único sucesor digno de Marcel Duchamp" en el continente europeo. En lo personal tengo mis remilgos para con la obra de este creador alemán, por lo que me sorprende sobremanera encontrar una reflexión que casi, casi, justifica mis prejuicios y lo ubica, siguiendo mi lógica, dentro de un diogenismo moderno. Se trata de un texto escrito en 1979 por Luis Camnitzer:
"El aspecto de Beuys como actor es importantísimo en su obra. La palabra "actor" tiene que ser entendida aquí más ampliamente que en el sentido teatral. Es cierto que Beuys tiene mucho de teatral siendo un excelente publicista de si mismo, pero el sentido de actor es más dentro de la acción que dentro de la interpretación".[2]
Diógenes y Beuys publicitándose a ellos mismos gracias a cierta cualidad aurática no confiable a otros.[3] Los dos encarnan aquella frase, también polémica, de Mc Luhan, "el medio es el mensaje". Ambos son uno y lo otro. El uso del mismo corredor o la repetición implícita en este procedimiento o metodología no puede dejar margen al fallo o al error. De modo que Camnitzer continúa:
"La propia presencia de Beuys está refinada hasta el último detalle. Siempre se presenta con un sombrero de fieltro gris, siempre lleva una mirada mesiánico-fanática, siempre está dispuesto a discutir cualquier cosa con cualquiera, intensamente y con aparente falta de humor. Beuys mismo es una obra que predispone al mito. Es esa voluntad de mito, conciente o inconciente (no importa), el único elemento que unifica su obra y que ordena la imagen altamente confusa y contradictoria que proyecta".[4]
Si no mencionara el nombre del artista alemán y algún que otro atributo (el sombrero, por ejemplo) pensaríamos que está hablándonos del cínico de Sínope, Diógenes. Que Luis Camnitzer escriba en estos términos no significa azar y mucho menos "figuras" al modo en que lo explicaba Julio Cortázar. Él es acaso el crítico que más ha escrito sobre el tema que nos ocupa en este ensayo. Autor de ¿"Arte inmaculado"? y de "La corrupción en el arte/el arte de la corrupción", es raro que pase de largo cuando los disturbios éticos o cierta malformación en la moral empañan alguna que otra propuesta artística. Su mirada fractal también le ha permitido ser implacable con Ives Klein o con las Gates de tela naranja que Christo emplazó en el Central Park de New York hace pocos años.
(…)
Otro de los que usó un heterónimo fue Blaise Pascal. Escribió diecisiete cartas bajo el seudónimo de Luis de Montalvo. La primera de ellas se tituló Carta escrita a un provincial por uno de sus amigos sobre las disputas actuales de la Sorbona. Se trataban de jaleos teológicos, y resulta muy curioso el hecho de que, casi exactamente un siglo de diferencia mediando entre los dos pensadores[5] no haya amortiguado las ínfulas del clero y en especial de la Sorbona. Pero más sorprendente aún es que en una de sus aulas, esas típicamente medievales, de muebles de madera y gradas circulares (anfiteatro), haya un cuadro inmenso de Pascal con sus marcos ribeteados en oro, como suelen hacer los franceses con aquello que los enaltezca: la Juana de Arco frente al hotel Regina en la Plaza de las Pirámides, la parte superior del Arco del Carrousel, la cúpula de Los Inválidos, la Plaza de Châtelet, las esculturas que coronan las columnas del puente de Alejandro III…
No obstante, si traigo a Pascal a estos predios, no es sólo por el encubrimiento de su autoría. Me parece ver en él al precursor más seguro e intenso del cinismo contemporáneo. Diógenes se pierde en la madeja moderna: casi nadie se responsabiliza con sus actos como sí lo hizo él, de la manera más conciente y descarada que puede conocerse. Ni siquiera David Hume, en el siglo XVIII, quien en un período de tiempo hubo de vivir de una manera casi esteparia y asceta, pero no por convicción sino por falta de fortuna. Sin embargo, no fue "una rígida frugalidad", ni su creencia de que mantenía intacta su libertad, ni su desprecio por aquello ajeno a su obra lo que acerca a Hume al cinismo, que sí, que también, aunque más al diogenista. Me interesa el inglés de aquel dilema, casi fruitivo, que no sabía cómo explicar a ciencia cierta el tema de la obediencia civil. La tirantez y ambivalencia que se da en su obra en torno a la resistencia y la pasividad resulta un tópico en extremo sugestivo para los objetivos de este ensayo.
(…)
No existe mayor trauma que el cambio de propósito o lo que es peor, la pérdida del propósito. What for? No se puede creer en lo hasta ahora sagrado pero disfruto del bienestar al que aspiré: esto es ahora lo único venerable. Supongo que nunca se entenderá completamente qué había detrás de aquel saludo de Morfeo cuando le espeta a Neo: "bienvenido al desierto de lo real", o cuando Guns'n Roses titula uno de sus temas, Welcome to the jungle.
Desierto y jungla. Ambos pueden imaginarse en pocas palabras: alucinación y delirio. Febrilidad. Ausencia total de voluntad. Servilismo a un no se sabe qué. En estos contextos "no hay épica sino 'escape'; existir como sobrevivir"[6]. Pérdida del sentido y el entusiasmo. El capitán Willard, de Apocalipsis Now, no quería permanecer en Vietnam pero no concebía estar en los Estados Unidos. Admira al coronel Kurz pero lo ultima en nombre de algo en el que, paradójicamente, ya no cree y que para colmo, juzga estúpido. Hubo allí un servilismo ideológico extraño, desconfiado, o mejor dicho, desinteresado. Eso fundamenta el siguiente axioma: "se es servil incluso cuando se está al servicio de uno mismo".[7]
Segundo capitulo
En el año 1994 el escenario de las letras y el pensamiento cubano vio aparecer una polémica que prometía más de lo que dio: la edición No. 194 de la revista Casa de las Américas dejó ver una tríada de textos firmados por Rafael Rojas, Cintio Vitier y Arturo Arango.[8] La porfía teórica tenía como centro el supuesto descubrimiento y puesta en escena, por parte de Rafael Rojas, de una razón instrumental en el pensamiento cubano, contrapuesta, en su caso, a la emancipatoria. Se trataba de la reconstrucción histórica de "la otra racionalidad, es decir, la tradición discursiva de la ética instrumental".[9]
No tengo claro si los editores de la revista Casa de las Américas tenían alguna noción de que estaban soltando una bombita de tiempo, o si aterrizaron (o no) más textos a su redacción, pero el hecho es que la polémica se detuvo justo cuando debía comenzar. Por eso hablé en términos de promesa.
La otra moral de la teleología de la moral cubana es un texto reprochable en diversos sentidos, y mi primer reparo consiste en la constatación de que incurre en los mismos extremismos del discurso que pretende emplazar. Su esquema es más reduccionista y binario como el que más. Esquema al fin. Decir, como en el título, "la otra" (moral en este caso) no es más que una expresión de la más elemental lógica formal. Dejándose llevar por el desgano adorniano, que le impidió ver más allá de unos opuestos en lugar de sincretizar sus categorías (contrario a Walter Benjamin, por ejemplo), Rojas no admite la condición rizomática de la realidad y en lugar de ver un conjunto promiscuo y dionisiaco, vio dos conjuntos inmaculados y separados. O lo que es lo mismo, entendió que en el pensamiento cubano todo estaba muy claro y definitorio: sólo debía llegar él y decir en qué moral se situaba cada uno. Pobre Kant, pobre Hegel, el de "la luz enturbiada y la oscuridad aclarada"[10].
Además, ¿por qué "otra" y no otras morales? De hecho, ya la teoría ha estampado como legítimas otras razones. ¿Por qué a un fundamentalismo enraizado en el discurso pro-político cubano responde con otro de igual pesadez?
Cintio Vitier, en cambio, dio muestras de sentido común, o lo que Gramsci llamaría, folclore en Filosofía (sin ánimo de menospreciar, todo lo contrario). Impulsado por un "no me cojas pa' lo tuyo", refutó aquello que Rafael creía ver en el clásico de Cintio, Ese sol del mundo moral[11], y que podían convertirlo en sospechoso teórico a esas alturas de su vida. Su exhaustiva y brava defensa versus Rojas, tal vez provocada por cierto "miedo ambiente" le tomó demasiado tiempo espacial, creando el espejismo –subrayo, espejismo- de que iba a la zaga e impidió que desplegara una idea más interesante, y es esa que se refiere a la no linealidad del pensamiento cubano, resumida de la manera que sigue en su texto: "Así, no comparto la idea de que los fundadores de la moral en cuestión hayan creído nunca que la 'justicia social' se contrapone al beneficio individual. Si la justicia social impide el beneficio y la plenitud del individuo, no es tal justicia; pero una cosa es el justo beneficio individual y otra el individualismo antisocial e injusto".[12] De este modo Cintio, gracias a su ingenuidad teórica, se mostró más inclusivo que Rafael y salió mejor parado sin alardear tanto de conocimientos provenientes del saber contemporáneo.
(…)
Lo que soy yo, prefiero ver en José Antonio Saco al hombre de pensamiento andrógino, de aparentes titubeos, al pensador donde confluyen todas las dudas y aspiraciones –encontradas muchas veces- de la nación. Al de una metafísica sinuosa, si es que así puede existir. La encarnación de las dos morales. Al que tal vez vio con mayor claridad el imposible insular. El que siguió enseñando a pensar, como Varela, cuando este fue designado Diputado a Cortes y lo propone para que fuera su relevo en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. El que no apuesta por la revolución pero funda, junto a Varela también, El mensajero semanal, allí en los Estados Unidos de América.
"Yo pues, que he escrito contra ellas (la revolución y el anexionismo) y que volvería a escribir mañana, si fuese necesario, debo decir sin embargo, que tan enemigo soy de la revolución y de la anexión, como de las actuales instituciones que tiranizan a Cuba; y téngase entendido, que así como siento yo, sienten casi todos los cubanos, aunque muchos por temor, o guardan un profundo silencio, o aparentan lo contrario…"[13]. He aquí, en pocas palabras resumida, la ambivalencia del siglo XIX cubano. Su indefinición. No obstante, es en la que sigue donde se enseña plenamente flexible y, continuando la lógica del primer capítulo, seductoramente maquiavélico y cínico: "Mientras no se sacrifican los principios políticos y morales; y las bases que sirven de fundamento a la libertad y el progreso de los pueblos, mientras las variaciones solamente recaen sobre los medios que de buena fe se adopten para lograr resultados más ventajosos; lícito es al hombre, y a veces muy meritorio, el renunciar a sus opiniones y abrazar otras nuevas". [14]
Cintio posee argumentos válidos en el caso de Saco pero ahora me gustaría llamar la atención sobre tres términos que aparecen en la primera cita, y que además de constituir una suerte de logo o filigrana en esa condición que llamamos lo cubano, pueden erigirse en el hilo conductor del presente texto: temor, profundo silencio y apariencia.
[1] Emilio Ichikawa. "Episteme del 'problema cubano'". En www.eichikawa.com
[2] Luis Camnitzer. Antología crítica. 1979-2006. Universidad de los Andes. Colombia. 2006, p. 93.
[3] Otro que se les asemeja sobremanera es Ives Klein.
[4] Idem.
[5] Pascal escribe sus cartas de 1656 a 1657.
[6] Emilio Ichikawa. La escritura y el límite. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1998. p. 45.
[7] Ídem. p. 46.
[8] Rafael Rojas. "La otra moral de la teleología cubana". En revista Casa de las Américas, enero-marzo, 1994. No. 194.
Cintio Vitier. "Comentarios a dos ensayos sobre axiología cubana". En Ob. cit.
Arturo Arango. "Otra teleología de la racionalidad cubana". En Ob. cit.
Cintio menciona dos ensayos pues se está refiriendo al de Rafael Rojas y a otro escrito por Enrique Ubieta, en ese momento inédito pero publicado en el No. 196 de la mencionada publicación bajo el título, "Martí, Varona y la tradición clásica del pensamiento cubano".
[9] Rafael Rojas. Ob. cit. p. 86.
[10] G. W. F. Hegel. Ciencia de la lógica. Solar/Hachette, Argentina, 1968. Tomo I, p. 86.
[11] Rafael Rojas habla de la absurda censura a que estuvo sometido dicho estudio, publicado por vez primera en México e inédito por espacio de doce años en Cuba.
[12] Cintio Vitier. Ob. cit. p. 97.
[13] José Antonio Saco. Por una Cuba cubana. Editora Abril, 1992. p. 18.
[14] Ídem. p. 23.
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9 comentarios:
Fantástica introducción a un libro. Elvia, cuándo se publicará esto? Tan pronto salga a la luz lo quiero conmigo.
Bueno, segun me dicen es para el 2012. Yo estoy loca x mostrarlo pues termine hace 3 anos y lleve un tongonal mas estudiando. Gracias Inti. Un beso. Ah, lo tendre en cuanta para guardarte uno porque solo seran 300 ejemplares.
Hoy consulte a la galleta de la fortuna y me dijo: No pierdas el tiempo explicándote, el que lo desee te entenderá.
Casualidad, la intro de este libro comienza mas o menos asi, hablando del lector humilde y tal..., nada, son griteria, cositas de pueblo y eso....No debe darsele mucha importancia
me pregunto hasta qué punto el pensamiento filosofico cubano,o el pesamiento cubano en su conjunto, no está marcado por el pensamiento político ideológico...
Ese es el caso, que no hay pensamiento filosofico. Alexis Jardines tiene un libro que se llama Filosofia in nuce dodne desmuestra uqe mas bien los conocidos x pensadores del siglo XIX eran pedagogos y no pensadores en sentido estricto. Segun el, tal vez pueda hablarse de coherencia teorica con la generacion del 40. Yo me adhiero a eso.
Donde estan los criticos de la critica?
Cometi un error. el titulo es asi: Aterrizaje. Despues de la critica de la razon cinica.
La portada sera esa imagen la obra de Luis Gomez pero en esta tiene un zoom. y el prologo sera de victor Fowler.
La visión que trasmite Elvia Rosa Castro de la polémica entre Rojas y Vitier, además de incompleta y desactualizada, es más binaria y maniquea que lo que ella atribuye al ensayo de Rojas "La otra moral de la teleología cubana". Para empezar, en un momento, de este último se dice que se está trabajando con un "tipo ideal" y que pensadores de una u otra racionalidad comparten más de una idea. Por otro lado, esa polémica se extiende al artículo "El epitafio de Saco", aparecido luego en La Gaceta de Cuba donde Rojas responde a quienes lo acusan de "neoliberal" y "neoanexionista". Por último, no se puede reconstruir esa polémica sin estudiar el libro "Isla sin fin" (1998), en el que se desarrollan otras coordenadas del pensamiento cubano del siglo XIX como el catolicismo, el nacionalismo revolucionario del siglo XX o el marxismo y el postestructuralismo de fines del mismo siglo. Por último, no estaría de más decir que el ensayo de Rojas provocó, como reacción, un afianzamiento aún mayor del maniqueísmo en el propio Vitier y en muchos de sus seguidores como Enrique Ubieta, Eliades Acosta y otros, quienes utilizaban la misma tipología de Rojas para afirmar la uniletarelidad ideaológica de la cubanidad y contraponerla al pensamiento "anticubano".
Bueno, cuando realices una defensa a ultranza de algo, lee bien primero. El titulo de este post dice "fragmentos", pues no publicare mi libro entero aqui. Entonces, claro q es incompleto!!!! mas no desactualizado. Me he leido todo lo q has mencionado y tal vez muchisimo mas ensayos. Si no lo tienes puedo prestarte Tumbas sin sosiego, de Rafael, o Filosofia in nuce, de Alexis Jardines and so on. Ese segundo capitulo comienza asi y luego va desde Espejo de paciencia hasta Luz y Caballero negando, sin decirlo, los "tipos dideales" de Rojas. No hablo in extenso ni me adhiero a las posturas de ninguno de ellos (yo tengo mi teoria). Como lo demuestro en mi libro, no soporto la unilateralidad, por tanto, uso el ensayo "ideal" para oponerme a ella pero no estudio a otros y mucho menos los cito.
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