Francis Alÿs. A story of deception
Por Elvia Rosa Castro
Llegué a la obra de Francis Alÿs hace años, gracias Wilfredo Prieto y a James Bonachea. Ellos, a su vez, la conocieron al entrar al ISA. Una vez allí, se les ocurrió realizar una expo en al ciudad de Sancti Spíritus a cuatro manos titulada Conceptualismo aditivo, término que habían inventado teniendo en cuenta la apariencia absurda de sus propuestas. La expo, era, además, un homenaje al artista belga radicado en México. En esa ocasión escribí las palabras al catálogo y usé el término "primitivismo ilustrado"[1], tanto para referirme a sus obras como a las de los jóvenes en el sentido de la puerilidad que exhibían sus propuestas, nada ingenuas.
En la medida en que el belga-mexicano se hacía más presente en DUPP, comencé a dudar de su obra. Me parecía puro show, puro espectáculo y hasta chiste. Y con este prejuicio entré al Tate Modern (Londres) este mes de agosto a ver su exposición, prácticamente retrospectiva, Francis Alÿs. A story of deception.
Dieciséis salas fueron puestas a merced de la obra de este artista que tomó el título de la muestra de una de sus obras realizadas en una autopista de la Patagonia , 2003-2006, vídeo en el que una subjetiva persigue el resplandor (espejismo) del sol reflejado en el asfalto de manera infinita sin llegar a lugar alguno. La monotonía de la imagen, muy parecida a algunas piezas de Tacita Dean realizadas en 16 mm , hace caer en ese estado de decepción, de no encontrar la meta. La búsqueda incesante y vana de una utopía.
La expo exhibe todas las facetas de Francis Alÿs: pinturas, instalaciones, dibujos, proyectos, environments, vídeos, y vídeo-documentales. Allí estaban The Loop, Cuando la fe mueve montañas, La línea verde, Caracoles, Song for Lupita, etc, etc….
Si tengo que escoger una obra que escriba el espíritu que me trasmiten las obras de Alÿs sería esa precisamente, Song for Lupita (1998). La documentación de una acción que se extiende al infinito: cambiar líquido de un recipiente a otro de manera constante, como un móvil perpetuo que no conduce a nada, solo a morderse la cola pero con la esperanza, leve-levísima de un tema musical que acompaña la pieza donde se repite "mañana, mañana". Hacer filosofía poética de una acción ordinaria muchas veces queda bien, incluso a él le queda bien. Solo falla cuando ello se convierte en el único dispositivo con qué operar.
No obstante, le entré al artista con cierta desventaja para él. Luego de haber pasado por la sala de Ana Mendieta (donde hay solo un vídeo y 4 fotos de pequeño formato) es muy difícil quedar paralizado ante una acción documentada del artista. Mi anterior opinión del chiste y el espectáculo volvió a cobrar energía cada vez que me encontraba con una pieza. Lo salva, acaso, el hecho de que él protagoniza casi todas las acciones que documenta y ello legitima el hecho, ya sea de connotaciones políticas o de otra naturaleza, como por ejemplo, la de perseguir los tornados en un área rural mexicana, (Tornado 2000-10). Prefiero las pinturas que de esta experiencia se derivaron, obras sobre la relación explosión-implosión, sobre el nacimiento si se quiere.
Y ahora que hablo de pinturas, ellas fueron las que más llamaron y atraparon mi atención. Como sucede casi siempre, la venta de las obras pictóricas de Alÿs constituyen una de las fuentes financieras de sus proyectos "irrentables", por decirle de alguna manera. Se trata de pequeños formatos, de apariencia pueril, como de un lirismo surrealista que tienta al absurdo todo el tiempo. Imagino muchas de sus escenas ilustrando algunas comedias y tragedias griegas aunque en verdad se trata de re-presentaciones de rituales infantiles que se truncan en algún momento. Muchas de las obras expuestas en este segmento pictórico tienen la impronta del dadaísmo, o por lo menos de una actitud dadá y me parece que hasta zen.
La idea del inacabado domina su obra y esa tal vez sea una constante. Un amigo fue a visitar la expo pensando que encontraría al gran artista cuando en realidad, según me confiesa, encontró al gran mito. A story of deception se titula su experiencia, tal como el título de la muestra y de la obra que da la bienvenida. Lo que soy yo pienso que mientras Ana Mendieta esté en la Tate con su Blood+Feather es difícil competir aunque mi estima por el belga-mexicano haya subido unos gramos.
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